Soy consciente de que esto es extraño, inusual, pero necesario. También sé cuan difícil ha sido esto para los dos y lo que conllevaba. Pero sé que me puedes entender, siempre lo has hecho incluso cuando ni yo era capaz. Me he criado en un mundo lleno de tormentas y desolación. La gente en vez de ayudarse unos a otros solo se atacaban y con tal de alcanzar un objetivo, no temían en pisar la cabeza de otros, aunque, si esa situación se invertía, no dudaban en implorar clemencia, acudiendo, en hipocresía, a cualquier artimaña para salir de dicha situación.

En ese mundo caótico nadie me enseñó a tener compasión, solo a ser una persona destructiva que debía seguir estrictamente un orden que alguien había establecido que era lo correcto. Decían que, siguiendo ese camino, sería feliz porque tendría una “vida estable” después, (como es lógico) de toda una vida de servicio. Y en ese momento no lo piensas, porque eres un ser que apenas puede andar por sí mismo, un ser que mira todo con ojos curiosos, un ser que aprende de lo que ve, eres un cachorro.

Pero los cachorros crecen y algunos, aunque tienen miedo, ansían mirar más allá de lo aprendido. Nunca olvidaré el día en el cual elegí que tipo de persona quería ser. No te equivoques, no soy la perfección y he cometido tantos errores en mi vida que me faltan números para contarlos. Pero de alguna manera, necesito que comprendas que esto no es fácil para mí, solo estoy tomando la decisión que considero que es la mejor. Es egoísta tomarla en soledad y soy consciente de ello, pero los dos sabemos que jamás estaríamos de acuerdo en esto.

Y he de confesarte, que aún en estas circunstancias siento curiosidad. No podemos elegir dónde nacemos ni de quién somos hijos, pero sí podemos decidir dónde queremos estar y con quién, al menos durante un tiempo. Sin embargo, son decisiones que en su mayoría están atadas a tantas casualidades, que no puedo evitar creer en el destino. Tú lo sabes, ¿cuántas coincidencias hubo para que nos llegáramos a conocer? Exacto. Las mismas que hacen que estés leyendo esto. No quiero que te sientas culpable, porque no lo eres, ni yo tampoco.

Una vez escuché esa historia antigua, en la cual la gente tenía una cabeza con dos caras, cuatro brazos y cuatro piernas. Eran seres fuertes, de corazón animoso y un día cometieron la osadía de querer escalar los cielos para combatir con los dioses. Uno de ellos, el más poderoso, se enfadó tanto que dividió a esas personas en dos, repartiendo sus atributos y condenándolos de por vida a buscar su otra mitad. Haciéndolos así desdichados para siempre, ya que cuando algo se rompe ya no puede volver a ser lo mismo.

Me siento triste, porque tardé demasiado en entenderlo. Estamos constantemente tomando decisiones que quizás por hilos del destino, estamos más tentados a tomar. Decisiones simples, decisiones complicadas y todas nos llevan a un futuro incierto. Un futuro al cuál tenemos miedo, tenemos pánico porque es circunstancial, no lo podemos controlar. Y esa preocupación por lo que nos puede ocurrir, ese agobio por obsesionarnos con no cometer los fallos del pasado nos evita centrarnos en lo que debemos vivir en el presente.

Muchas veces he pensado que si conserváramos esa inocencia de cuando somos unos cachorros, sería todo más sencillo. ¿A quién no le gustaría que la infelicidad que causan los problemas se resolviera con un juguete nuevo, o con una comida favorita? Era tan fácil dar el paso del llanto a la alegría que es envidiable. Pero sigue siendo un pensamiento errado, porque esos seres, son ignorantes. Pueden ser muy inteligentes, tener mucho más conocimiento que la mayoría de gente que les triplica la edad, pero les falta la experiencia de vivir.

Es duro afrontar la realidad, pero no podemos evitarlo. Y créeme cuando te digo que nunca sentí mayor felicidad, que cuando estuve contigo en ese mundo irreal. En ese lugar en el que éramos tu y yo al fin y en el que estuvimos disfrutando de ese presente sin mirar al pasado, sin preocuparnos por el futuro. Simplemente, nosotros. Desde el momento en el que nos conocimos, hasta que nos perdimos en los ojos del otro, para dar lugar a un beso y más tarde con timidez darnos la mano y llegar más lejos.

Y no sé como decirte que te quiero, pero que nuestros caminos son diferentes. El destino que una vez nos unió, nos terminó separando. No importa el motivo. Cuando nos separaron, nuestros sueños se separaron también y en este mundo caótico en el cual ya es difícil encontrarnos, imagínate lo complicado que se hace que nuestros sueños coincidan en el mismo futuro. Creo que en ciertos puntos de nuestras vidas si que encajan, pero el tiempo pasa y nosotros debemos elegir.

Elecciones que quizás no nos gusten o bien porque nos quitamos algo nuestro, o porque quitamos algo de esa persona o porque tenemos miedo o porque necesitamos perder lo que queremos para darnos cuenta de que el resto da igual, que si aquello que amas no está contigo todo carece de sentido. Pero también debemos aceptar, debemos decidir pasar página, porque tal vez no logramos todo lo que queremos y aunque duela, aunque no podamos olvidar, nos hace fuertes. Fuertes, para poder llegar a ser felices, aunque en viajes distintos.

Sé que ahora no lo entiendes, yo tampoco lo logré al principio. Necesité mucha experiencia para darme cuenta de que a veces cuando pierdes, ganas. De que, aunque nos gustaría una vida diferente, no podemos elegir que todo salga como queremos.  Te doy las gracias por el tiempo que estuvimos juntos, con nuestras cosas buenas y con nuestras cosas malas, con nuestras sonrisas y con nuestras lágrimas, con nuestros momentos de seguridad e incertidumbre, con nuestros corazones latiendo al mismo ritmo, porque nos queríamos.

Sé que ya no estoy, sé que te duele, sé que me amas y que me odias al mismo tiempo, pero esto es algo que volvería hacer, porque como te digo a veces debemos mirar lo que hay en el presente en vez de buscar respuestas o consuelo en un pasado o futuro. Sé que cuando vuelvas a casa, verás mi fantasma y recordarás cada una de las cosas que hicimos. Sé que será duro, por eso te he dejado esta carta, para que entiendas, que mi destino está contigo. Quizás no en esta vida, pero tengo la certeza absoluta de que, en alguna, tenemos nuestro final feliz, juntos.

No tengas miedo de llorar, no tengas miedo de querer, no tengas miedo de odiar porque eso significa que has amado y aunque duela, aunque nos haga indecisos, quien ha conocido el amor sabe que es la sensación de la felicidad. Puede que no sea eterna, pero es intensa y yo, volvería a pasar todo el sufrimiento, por todos los malos momentos de mi vida, si con ello vuelvo a encontrarme contigo. Mi existencia ya ha expirado y aunque ya no puedas ver mi cuerpo viviré siempre en tus recuerdos, feliz de haberte conocido.

Con todo mi cariño y mi amor, L.